Cruzan la puerta y suben los escalones oscuros, desgastados y deformes. Gritan contentos y recorren pasillos laberínticos que Nils apenas ve, pero por los que puede guiarse siguiendo las voces y los pasos de los demás que caminan con más seguridad, aunque con algún balanceo fruto del Posca. Cree que es Syd quien le da unas palmaditas y le aprieta el hombro animándole como si pudiera ver su cara asustada. Nils Vincent Chesterton confía en ellos, pero… Alguien ha abierto una puerta que chirría molestamente y ha interrumpido sus pensamientos. Un aire húmedo se deja sentir en la atmósfera.
Salen de uno en uno por la vieja puerta a una gran y destartalada azotea. Las luces de la calle no son intensas, pero puede ver más que en el interior del caserón. Tal vez, sus ojos se están acostumbrando a la penumbra. Las baldosas rotas del suelo suenan al caminar sobre ellas y la barandilla tiembla insegura entre sus manos cuando se asoma a ver la ciudad. Las calles están silenciosas y Nils Vincent Chesterton siente el cosquilleo en el estómago de quien está donde no debería. Se está acostumbrando también a ese cosquilleo, piensa.
Nils se gira y ve como todos, sentados en el suelo, tumbados, apoyados los unos en los otros, estirados, miran hacia arriba. Entonces, extrañamente, reina el silencio.
El techo de la ciudad, justo sobre este edificio, está agrietado, dejando que a través de las rendijas puedan verse unos diminutos y extraños destellos que Nils nunca había imaginado que pudieran existir. Luces de un cielo desconocido, al menos para él, piensa, que se cuelan descaradas para poder ser vistas y admiradas.
Nils nunca había estado ni tan arriba ni tan acompañado ni tan sorprendido. Nunca había pensado qué podía haber tras esas placas gruesas que cubren parte de la ciudad y que convierten a esa zona en la zona gris. Ahora puede verlo, luces brillando y la rotunda oscuridad de lo que hay más allá.
Tom se levanta parsimonioso, saca de su bolsillo un trozo escrito y nadie se sorprende, sólo Nils que se da cuenta que es igual que el que él lleva en el bolsillo del abrigo, sólo que más grande, amarillento y desgastado. Siente la necesidad de tocar el suyo, pero lo dejó abajo, en el abrigo, apoyado en la silla. Nils Vincent Chesterton se siente desconfiado y muy absurdo por no haberles mostrado antes el pequeño secreto que sus nuevos amigos, sabe ahora, podrían haber entendido. Se sienta sin saber cómo hacerlo. Nunca se ha sentado en el suelo. No sabe si será más cómodo apoyar las rodillas contra el suelo o sentarse con las piernas cruzadas o de lado dejando que su brazo sostenga el peso. Opta por la segunda opción, no es cómodo, pero tampoco se está del todo mal. Tal vez, una de esas mujeres que ahora están tumbadas en el mismo suelo que él, sea la dueña de la sonrisa que le entregó su trozo. Y, aunque eso sólo tal vez, mira a su alrededor buscando entre las bocas que le rodean alguna que le sea conocida, sin encontrarla.
Y Tom empieza a leer un extraño poema, en un idioma que Nils no conoce, pero que casi entiende. Probablemente las emociones son iguales en todas las lenguas. O quizás no sea eso.
Inside a broken clock
Splashing the wine
With all the Rain Dogs
Taxi, we'd rather walk
Las palabras recitadas se vuelven canción cuando Tom añade melodía a su voz profunda.
Taxi, taxi, taxi, we'd rather walk
No esperaba Nils eso, no imaginaba que la crudeza y la ternura se pudieran mezclar en estos hombres y mujeres desdentados que miran y sonríen de reojo. De nuevo los mira y, por primera vez, los ojos les brillan como si alguna lágrima que viniera de lejos no quisiera caer en esa azotea con rendijas al cielo.
Huddle a doorway with the Rain Dogs
For i am a Rain Dog, too.
Sonríe Tom con una vieja sonrisa en la que Nils puede leer más que en ninguna otra. Y encontrar tantas cosas no dichas. Oh, how we danced and we swallowed the night. For it was all ripe for dreamin. Oh, how we danced away. All of the lights. We've always been out of our minds. Y cuando imagina que bajarán callados y tristes a beber más Posca, una voz se une a la de Tom, the Rum pours strong and thin, beat out the dustman, y luego otra y otra, with the Rain Dogs, aboard a shipwreck train, give my umbrella to the Rain Dogs, y otra. For I am a Rain Dog, too. Y todos le siguen y se levantan y bailan locos por la azotea, por toda la azotea, chocando, meciéndose, moviendo sus cuerpos al son de su propia música, contoneándose, Oh, how we danced with the, Rose of Tralee, her long hair black as a raven, gritándole al cielo como lobos que aúllan a la luna que no ven, que desconocen. Y cantan. Oh, how we danced and you. Y gritan. Whispered to me. Y caminan dejando su peso caer sobre una pierna y luego sobre la otra. Y, You'll never be going back home, bajan ahora las oscuras escaleras ardiendo rojos de sangre, sudorosos de licor, de baile, de cielo.
Y Nils, con una voz ronca y capaz, que le cuesta reconocer como propia, canta también, inventa fragmentos y aprende otros. Grita y se balancea. Se apoya y se mece. Siente las cuerdas de su garganta vibrar, el corazón latir con una fuerza que le asusta y las gotas de sudor cayendo por su frente. Oh, how we danced and you. Whispered to me. You'll never be going back home. You'll never be going back home.
Camina y baila con los ojos cerrados mientras baja las escaleras. El sabor a licor le llena la boca, pero no está borracho, no de Posca, al menos.
* Canción Rain Dogs de Tom Waits.
[Leer capítulo Veintinueve : Resaca]

