Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

lunes, 19 de octubre de 2009

Diez : El empleado del mes

De negro gastado viste el hombre que con un gesto indica a Nils Vincent Chesterton que le siga. Entran en un despacho decorado con una silla, una mesa y un archivador. Un despacho más parecido a un pasillo que a un despacho, piensa Nils y, tal vez, no se equivoque, pues dos puertas se miran cara a cara y parece que estén allí para cortar un pasillo que dejó de serlo.
Nils espera a que el hombre de negro gastado, que no ha dicho una palabra aún, se siente para sentarse también él, piensa que ser educado es la mejor manera de conseguir las cosas. El hombre pasa entre la mesa y el archivador, tropieza con éste que emite un sonido de metal hueco. Nils imagina que está vacío. Y con un extraño sentido del humor que no sabe muy bien de donde le viene, quizás del mismo lugar que la risa nerviosa, piensa que el señor que viste de negro gastado duerme en el archivador, eso explicaría, además, las arrugas de su chaqueta.
Se sienta. Nils que ha esperado a que éste se sentara, busca su silla. No hay. En realidad, no cabría una silla más. Así que Nils permanece de pie, disimulando que está aturdido por la tonta espera de sentarse en un lugar que desde el principio vio que no existía. El hombre de negro gastado parece saber que es lo que Nils ha ido a buscar. Tal vez, la secretaria de mueca triste se lo haya dicho. Nils, contento, dice para sí la oración breve de las Religiosas Naturistas. Paz y Gratitud. Paz y Gratitud. Una frase que le gusta repetir cuando está contento y agradecido como ahora. Pues le concederán muy pronto su deseo de ver el sol. En los labios de Nils Vincent Chesterton se interrumpe una sonrisa cuando el hombre de negro gastado le indica con una voz oscura que debe ir a la planta número dos. “Allí le entregaran una pizarra electrónica donde rellenar los datos que se le requieran. Se trata de hacer efectiva una instancia para exponer su petición”. En ese momento, alguien vestido también de negro gastado abre la puerta que está enfrente de la puerta por la que Nils ha entrado, la cierra tras de sí, pasa de lado entre la mesa y el archivador, abre la puerta por la que Nils sí ha entrado y sale. El hombre que viste de negro gastado, el primero, no ha dejado de hablar. Su voz oscura y monótona ha continuado dándole indicaciones que él ha escuchado sólo a medias. La puerta por la que Nils no ha entrado, la puerta que Nils no sabe adonde lleva, vuelve a abrirse. También la puerta conocida, en medio del estrecho despacho se saludan dos hombres vestidos también de negro gastado, mientras el conocido hombre de negro gastado habla con su voz oscura sobre lo que Nils debe hacer. Uno de ellos tropieza con el archivador, suena a hueco, los tres se miran, miran a Nils, Nils mira al techo. Unos vuelven a sus pasos; otros, a las palabras. El hombre del traje gastado, el primero que conoció Nils, sigue diciendo: “para que valorada dicha petición remitida mediante instancia, se inicien los trámites para la misma. Le adelanto que deberá someterse a examen el ciudadano que reclama, pide, desea o espera. Siendo éstos, examen y ciudadano, considerados aptos y teniendo en cuenta otras aproximaciones paralelas que a su vez se habrán llevado a cabo, pasaremos a la valoración exhaustiva, al juicio detallado y, en consecuencia, a la denegación, aplazamiento, prestación o consentimiento por conmiseración de la petición en sí.”

Nils escucha con atención, aunque le distrae no poder apartar la vista de los labios del hombre del traje gastado. El hombre no gesticula, no mueve ni un solo músculo ni siquiera parpadea, habla, sólo habla y para ello mueve sus labios con gran rapidez. No. Los mueve con velocidad, piensa Nils. Seguramente, el hombre que tiene delante, el hombre de negro gastado, sí ha ganado el premio de empleado del mes, no imagina a nadie capaz de estar tan concentrado, tan inmóvil, mover los labios tan poco, tan rápido y diciendo tantas cosas incomprensibles. Cuando el hombre de lengua veloz se levanta, Nils sabe que la reunión ha terminado. Intenta recordar el primer paso, al menos el primero, pues no podría decir que ha entendido lo demás. Así que como el segundo paso va después del primero, empezará por lo primero que recuerda. Y, aunque siente que su cabeza no piensa con claridad, sabe lo que tiene que hacer. Ir a la planta 2.

[Leer capítulo Once : Hilos]


1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Ja! ¡si de eso se trata, seguro que Nils nunca va a ser el empleado del mes! Demasiado sensible. Me alegro por él, su camino es otro; seguramente más difícil... pero eso ya lo veremos...