Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

viernes, 1 de mayo de 2009

Uno


DVORAK Sinfonía nº 9 "Del Nuevo Mundo" (1893)

Pide disculpas a las dos religiosas naturistas que han ocupado los asientos contiguos al de él. Consigue llegar al pasillo central y de éste a la salida. Da un salto y sus pies tocan tierra mientras oye cerrarse la puerta del metrobús.


Levanta la solapa del abrigo para proteger su cuello de la humedad y sube la cuesta que le lleva a la fábrica en tan sólo dos minutos.

Llama al timbre. Muestra su identificación a la cámara. Aparece en la pantalla que se ha retrasado 57 segundos y 243 milésimas. Entra. No es un retraso grave, pero significa que este mes tampoco ganará el premio al empleado perfecto. No sabe en que consiste. Nunca ha ganado un premio. Nunca ha ganado nada. Y cree que eso de ganar debe hacerle a uno muy feliz.

Un edificio que se mantuvo en pie a pesar de la Gran Catástrofe alberga la fábrica donde trabaja. Allí cuenta con un pequeño despacho. Una mesa, una silla, un lápiz, un teléfono para comunicarse con los departamentos interiores, que nunca ha utilizado, y una ventanilla por donde asoman las incesantes bocas que le visitan cada día. Suena por el altavoz el número de registro del primer paciente. Automáticamente la ventanilla se abre y él ayuda a colocar la boca en el hueco de la pared. Por la comisura de los labios sabe que se trata de una anciana. Con el lápiz de luz empieza a contar las caries que aquella boca encierra.

Nils Vincent Chesterton es el primer eslabón de la cadena de la fábrica de dientes. Los pacientes hacen cola, en cuanto la ventanilla se abre muestran sus bocas y Nils les indica cuantas caries tienen. Después deben entrar en la fábrica y esperar a que les confeccionen nuevos dientes que ellos mismos se pondrán en casa.
Vincent no trabaja en el interior del edificio, sino en los despachos exteriores. Eso significa que no tiene que oír el molesto ruido de la maquinaria, sin embargo, hay algo que odia más que el ruido y es el frío.


Todo ese frío de intemperie y esa humedad que dicen, los que han podido ir más allá de los límites, que es más intensa en esa zona de la Gran Ciudad. Nils se abriga. Tres pares de calcetines, calzoncillos de lana sintética, pantalón, dos camisetas, tres jerseys, la bata reglamentaria y un gorro. Guantes no puede llevar, se lo impide el reglamento, a veces, intenta calentar sus manos introduciéndolas en la boca de los pacientes, pero aún así siguen frías y con el pasar de las horas se ponen rojas y más rojas. Y entonces, sólo le queda contar con ansiedad los minutos que le quedan para volver a su casa.
Son los últimos días del mes de reducción de electricidad, así que lo mejor es volver a casa y allí, recurrir a los recuerdos, esos pocos y vagos recuerdos que aún conserva, y que siempre le dieron calor en las noches de los meses fríos.

[Leer el capítulo Dos]

* Foto interior del metrobus de AB.
** Foto del edificio de
torinotornado extraída de su galería de Flickr.

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