Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

martes, 15 de diciembre de 2009

Catorce : El regalo

Hoy el gris es menos gris, se dice en voz bajita Nils Vincent Chesterton, a quien le encantan las mañanas de trabajo después de un día de fiesta. Esas mañanas son diferentes, como si uno abriera un regalo y dentro hubiera un día por estrenar. La ropa parece más suave, las calles más acogedoras, hasta el frío es más amable en una de esas mañanas, piensa Nils a quien hoy la cama le rechazó temprano y llegó prontito a la parada. Observa a los que van llegado con sus abrigos y sus sueños a cuestas, con las manos en los bolsillos o acuencadas cerca de la boca calentándose con su propio aliento.

Aún sabiendo que es muy pronto para tener una respuesta a su petición, no puede evitar, al introducir su identificación, mirar nervioso la pantalla del metrobús, sabe que su cita será convocada por esta vía. Está seguro de que le concederán su día de sol. Aunque no sabe si esa seguridad es fruto de un deseo o de una intuición. Y deseando que sea una intuición, ocupa el lugar de siempre, junto a la ventana.

Frente a él se sienta un hombre. Es alto, bien vestido y posee una mirada serena y amable. Y a pesar de todo eso, Nils no quiere que se siente allí. Porque Nils, inquieto y desilusionado, se da cuenta de que si Eva sube al metrobús, que es poco probable, pues está a punto de arrancar, pero que si Eva aparece corriendo y respirando entrecortadamente, sube al metrobús y da las gracias al conductor y se identifica y entra o que si Eva, por algún motivo que ahora no puede imaginar, si Eva sube en otra parada no podrá sentarse frente a él, y si está lejos, Nils Vincent Chesterton que se conoce bien, sabe que no irá hacia ella y sabe que, de nuevo, no le dirá nada.

El hombre de mirada amable no tiene ninguna culpa, nada sabe de sus pensamientos ni de sus miedos, Nils Vincent Chesterton imagina que de saberlo dejaría el asiento libre, pues reconoce en el aspecto del hombre a una persona de esas a las que le gusta hacer cosas por los demás, de esas que dicen “gracias” y “por favor”, que devuelven los libros dentro de la fecha y sonríen cuando coinciden con otra mirada. Y a pesar de eso, Nils no puede evitar desear que ese hombre tan amable se vaya de allí.

Pero Eva no sube al metrobús y el hombre de mirada amable sonríe a Nils cuando sus miradas coinciden y Nils baja en la parada de siempre. Y sube la cuesta y no mira atrás. Y se identifica, y aunque llega puntual, no le importa.



Nils no sabía que él estuviera tan pronto allí, la verdad es que nunca le había visto a esas horas, tal vez, no se había fijado. Sea como sea, Nils se alegra de que antes de entrar a su habitáculo, justo cuando coloca la llave en la cerradura, Antón silbe, espere a que él se gire y levantando su mano en forma de saludo desde la puerta del edificio central de la fábrica, le de los buenos días.

Nils se pone la bata y se pregunta desde cuándo tiene este estado de ánimo de quita y pon, se recuerda hace apenas unos meses como alguien que caminaba en una línea recta y no bajando y subiendo montañas de emociones.

Nils se coloca junto a la ventanilla, y reflexiona sobre si será el deseo de ver el sol el que le tiene a ratos feliz y a ratos apesadumbrado.

Nils asegura el arrimadero y piensa si será Eva, la chica del metrobús, la culpable de que se sienta tan diferente.

La primera boca aparece y le sonríe. Pertenece a la Segunda Categoría, demasiado cuidada, pero no perfecta, piensa Nils jugando a las adivinanzas sin respuesta. Cuando la boca se abre ante él, encuentra un pequeño trozo de un material extraño. De un color blanco sucio, de una textura rasposa. Blando, fino y humedecido por estar encerrado durante unos minutos en el interior de una boca, un trozo de algo que tiene escrito: “Gracias. Tranquilo”. Cuando Nils lo encuentra tiene la extraña sensación de que no es para él, que es absurdo, absurdo y peligroso. Comunicarse con los pacientes está prohibido y además, ¿Gracias? ¿Gracias por qué? Gracias por nada, e impetuosamente vuelve a colocar el trozo en la boca y la ayuda a cerrarse. La boca primero contrariada, y después sonriendo de nuevo saca la lengua y expulsa el trozo escrito como en un elegante y abrupto escupitajo. Nils intenta hablar, pero la boca se cierra, aprieta los labios hacia delante y, soplando suavemente, emite un sonido con el que parece indicar que es mejor no decir nada. “Gracias” dice Nils en voz bajita, sin saber muy bien por qué las da. La boca desaparece, pero no la sorpresa en la cara de Nils que abre la mano y relee el trozo escrito adherido a la palma. ¿Tranquilo? Él siempre creyó ser una persona tranquila. Y, pensativo, Nils Vincent Chesterton guarda el trozo escrito en el bolsillo de la bata.

[Leer capítulo Quince : La invitación]

1 comentario:

Anónimo dijo...

uixxxx... ¡¡qué misteriooooooooo!!!!! "Gracias. Tranquilo" ¿Porqué????? misterio, misterioso!!!