Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

lunes, 8 de junio de 2009

Tres


Smetana "Mi patria". La música del despertar.

Suena la música del despertar. En los cajones, junto a la cama, aún queda ropa limpia. Por el tacto reconoce sus pantalones, las camisetas y el jersey, los calzoncillos largos y los calcetines. Se viste. Y sale de su caja. Al fin, abraza el aire con un bostezo y extiende los brazos todo lo que puede y aún sin erguirse del todo se siente mejor. Lleva un calcetín de cada color, pero es tarde para volver, así que estira su pantalón para disimular el despiste. Espera el metrobús cuando descubre la imagen que de sí mismo le devuelve la pantalla de la parada. Su afilada nariz y su diminuta boca contrastan con sus grandes y tristes orejas y con sus grandes y tristes ojos con los que acaba por chocar al recorrer su reflejo. Él no se siente una persona triste, pero sus párpados apuntan al suelo y se lo hacen parecer. Sus cabellos bien cortados esculpen un largo flequillo castaño que a menudo oculta su ojo derecho. Sus piernas delgadas son además muy largas. Su talle corto queda enterrado bajo el abrigo y cuando se desprende de él, algunas miradas se dirigen a Nils sin remedio.
El metrobús frena con fuerza y él puede, al fin, desprenderse de su imagen. Introduce su larga y venosa mano en el bolsillo del abrigo y saca su tarjeta de identificación. Verifica su presencia en el detector y entra.

La mañana, en la fábrica de dientes, va pasando sin muchas novedades, sólo la extrañeza de unos labios inusualmente sonrientes. No puede hablar con los pacientes, pero es agradable saber que le sonríen. Imagina que alguien con semejante sonrisa y con tan pocas caries debe pertenecer a los ciudadanos de segunda o tercera categoría, seguramente a un Urbanista Ideólogo o a un Ecologista Concienciador. En la parte gris de la ciudad, nadie sonríe así.

Cada categoría ocupa un distrito de la ciudad. Lo leyó en El Libro de Orden. En él aparecían todas las categorías, subcategorías y sus funciones. Es bueno conocer la sociedad de la que formas parte, piensa Nils. Por eso, lo leyó tantas veces que acabo por aprendérselo de memoria. Aprendió sobre los Organizadores de la ciudad, que ocupan el distrito central. Los Urbanistas que ocupan el distrito que forma un círculo concéntrico en torno a los de la primera categoría, divididos en Ideólogos y Realizadores a ellos se debe la gran distribución de la ciudad. Los Ambientales les siguen en el siguiente distrito circular, Investigadores y Concienciadores; tienen acceso a todos los distritos, como los Urbanistas, sin tener que pedir permiso. También son de una categoría superior los Historiadores que ocupan el círculo inmediatamente contiguo a los anteriores. Las Religiosas Naturistas viven en todos los distritos de la ciudad. Ocupan edificios bajos de color blanco que cualquiera puede visitar si necesita de sus consejos. A él le caen especialmente bien los Entretenedores, por lo visto, son los que inventaron el estanque, los audiolibros y los que preparan las ficciones de la sala de visionados. Casi todo lo que sabe de ellos, lo ha oído en los cenadores. No recuerda que en El Libro de Orden se hablará de dónde vivían. Tal vez, habiten donde dicen se puede ver el sol, en la zona apartada, donde aún hay muchas construcciones anteriores a la Gran Catástrofe, donde dicen que es tan difícil acceder. Le gustaría conocer a uno, pero no es fácil hacer amigos de otro rango. Además, los entretenedores siempre van acompañados de un guarda de control, supone Nils, que por la importancia de su trabajo. Nils Vincent Chesterton pertenece a los Cuidadores y eso le gusta, saber que ayuda a los otros, sentirse útil, es algo muy bello. Y, aunque tenga que vivir en la zona gris, vale la pena. En la escala de Cuidadores, él pertenece al estrato de la salud, pero existen más. Cuando vaya a la sala de lectura, volverá a pedir en préstamo El libro de Orden, piensa Nils. Debería releerlo.


Sin quitarse la bata, se pone el abrigo. Abrocha los botones con cuidado y sale para la pausa de media mañana. Cierra la puerta con llave. Son las diez. Con las manos en los bolsillos, juega con la llave que ha guardado en su interior, mientras espera que el recogedor de llaves le traiga su alimento matinal, pues también ésa es misión de él. Desde la entrada de su habitáculo puede ver los altos y grises edificios de la fábrica central. Se conservan bien, piensa Nils, a pesar de la Gran Catástrofe. Siente extrañeza ante ellos, como si le observaran fijamente unos desconocidos.
Poco a poco van saliendo de sus habitáculos los Cuidadores que, como él, no trabajan en los edificios centrales. Todos con abrigo, todos con el frío ya en el cuerpo, todos con las manos en los bolsillos; ta vez, piensa Nils, todos, como él, acariciando la llave que acaban de guardar en ellos. El recogedor de llaves aparece tras la esquina del primer habitáculo y empieza a distribuir de forma igualitaria el alimento matinal. Ordenadamente, en cuanto cada Cuidador recibe su bandeja se sienta junto a su puerta en el pequeño resorte que cumple la función de silla. Comerán en silencio, dejarán la bandeja en el suelo y volverán para acabar su jornada de trabajo.

Lo sabe por el documental histórico que ha visto en la sala de visionados. Sabe que antes de la Gran Catástrofe el mundo estaba organizado de forma muy diferente, pero ahora, por suerte, todo está en orden, piensa Nils Vincent Chesterton, ahora cada uno sabe su lugar en la sociedad.

[Leer el capítulo Cuatro]

* Fotografía de la portada de El libro de orden.

2 comentarios:

Agnès dijo...

¡Me encanta! ¡Quiero más ya!
Agnès

llanos dijo...

es una pasada, la historia interesa, la musica es un acierto, estas leyendo y te transporta al lugar,no es un libro es un relato que puedes viajar por el.