Camina a paso ligero, él que suele caminar pausadamente, sonríe, saluda. Pasa frente a una de las casas blancas y antiguas de Las Religiosas Naturistas y como en un saludo rápido dice en voz alta, solemne y alegre: Paz y Gratitud. Camina más rápido, casi inquieto, se siente ligero, y en menos de lo que esperaba se encuentra ante la puerta del Gran Invernadero. Los trámites para entrar no son muchos, no tiene que esperar y los vigilantes del estanque siempre son muy amables. Si no fuera Cuidador a Nils le gustaría ser Vigilante de estanque.
En la puerta un Vigilante le sonríe y le indica que introduzca su identificación y el tiempo que permanecerá en el recinto. Es sólo para que no haya exceso de visitas en el Gran Invernadero, le aclara. Y le cuenta que hoy hay una escena y un animal nuevo, recién traídos del estanque de la zona central. Ciudadanos de categorías superiores habrán admirado lo que él está a punto de ver, piensa un Nils acalorado y contento. Abre la primera puerta con cuidado, se descalza, busca entre las zapatillas impermeables colgadas unas que le puedan ir bien, se las coloca y se sube el pantalón haciéndole un pliegue a la orilla. Abre la segunda puerta y la cierra con cuidado tras de sí. No hay mejor lugar que el estanque, piensa Nils Vincent Chesterton. Sí, es húmedo, pero su olor a hierba, su sensación de ligereza y los vapores le transportan al mundo que no conoció. Sólo pensarlo, Nils se estremece. Se acerca a las paredes y roza la fina capa verde, rugosa y húmeda que le deja amarillentas las manos y con un olor extraño y maravilloso. Se adentra en los caminos del estanque y observa en la neblina los animales que flotan en el aire a apenas unos centímetros de él.
Camina y encuentra a su lado una medusa paseando a sus anchas entre la neblina que se levanta del agua. Escucha el silencio y aparece ante él la rana azul, uno de sus animales preferidos, por el color intenso que no ha visto en ningún otro lugar. El pez gato, que siempre parece entre asustado y tímido, y al que siempre encuentra un rasgo nuevo y la barracuda, que como le da miedo siempre la mira de reojo y sin mucha atención, que Nils no quisiera que sus primeros sueños fueran pesadillas.
Hay que tener cuidado y limitarse al camino trazado para no caer al agua, le da la sensación de que no es muy profundo, pero no lo ve bien debido a la nebulosa que sale desde allí. Esa neblina es artificial, lo sabe porque se lo contó un día un Vigilante, pero por lo visto, así eran los estanques antes de la Gran Catástrofe.
Inquieto se acerca a la escena nueva, un pez globo nada acompañado de una piraña. La piraña acaricia con su cola al pez de mirada intensa y largas púas. Delante de ellos, una tortuga casi tan alta como Nils, les abre camino.
A Nils Vincent Chesterton le gusta aprender cosas nuevas de la vida que fue. Sigue su paseo entre peces de colores y nenúfares. Los estanques de verdad debieron de ser estupendos, aunque ésa es una idea que no le gusta tener, quiere pensar que siempre fue así y no tener que echar de menos lo que ya es imposible.
Camina cuidadoso entre la bruma, unos pasos más y encuentra frente a él el nuevo animal. Nils hipnotizado no puede dejar de mirarlo, se ha quedado atrapado en sus pequeños ojos y su cara triste, le recuerdan a sí mismo y siente cariño por ese ser que flota ante él. Su nombre, inscrito junto a él: Hipopótamo. Sí, si le mira a los ojos cree estar frente a un espejo. Sin embargo, el hipopótamo es grande y tiene una extraña nariz y unas orejas muy pequeñas que a Nils le parecen divertidas. Alarga la mano para tocarlo, sabe que no puede que no debe que está prohibido, pero necesita hacerlo. Mira a un lado y a otro, la neblina no le deja ver con claridad a su alrededor, estira el cuello y agudiza el oído, no hay nadie. Nils extiende la mano para acariciar al bello animal que a su contacto se convierte en niebla y luz, se deforma y se extiende como si se estremeciera, se disuelve y hasta que Nils no aparta su mano no vuelve a su forma primera. Nils Vincent Chesterton reconoce la sensación de ternura y con ella y una sonrisa de oreja a oreja sale del Gran Invernadero.
En la cama, pasea por lo que le sucedió en el largo día de fiesta. El hombre de negro gastado vuelve a su cabeza, la pizarra electrónica, el archivador hueco, Eva, el botón amarillo, el gran ordenador, la presencia en el ascensor y el mostrador rotativo. La espera recién estrenada mezclada con la también nueva ternura. Sonríe plácido y piensa contento que Eva y él tienen el mismo día de fiesta y eso es un gran descubrimiento y una muy buena noticia. El tarareo vuelve a su cabeza. Mientras el sueño acontece.
[Leer capítulo Catorce : El regalo]


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