Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

lunes, 22 de junio de 2009

Cuatro

Llega el turno de Nils, el recogedor de llaves le entrega el alimento matinal y le comunica que hoy deberá recoger el material y entregar las llaves una hora y cuarto antes de lo acostumbrado. En la parte trasera del edificio, unas Religiosas Naturistas darán una breve celebración, de asistencia voluntaria, para todos los trabajadores de la fábrica. Contribuyendo así a su bienestar espiritual y a su condición de buenos empleados, ha dicho el recogedor sin mucho convencimiento, le ha parecido a Nils, como si repitiera de memoria algo que no cree del todo. A Nils, sin embargo, le divierte la palabra bienestar. Además, le gusta la voz de las Religiosas Naturistas, es suave y le adormece. Y, aunque luego, suele olvidar de qué han hablado, sí le hace sentir bienestar escucharles.

Nils Vincent Chesterton, a la hora prevista, sube la cuesta que separa su habitáculo de la fábrica donde se encuentra el edificio de los hacedores de dientes. Y, siguiendo a los demás trabajadores, entra en el estrecho callejón del lateral izquierdo de la fábrica. Todos se dirigen a la reunión. Ataviados con abrigos les imagina con la misma humedad que cala en sus huesos. Le gustaría decir algo, tal vez sobre el frío, sólo por sentirse hablando con otros. Pero no se atreve. Nils busca entre las filas de asistentes que se dirigen al patio trasero al recogedor de llaves, la única cara que le resultaría conocida, pero no logra encontrarlo. Delante de él dos hombres miran a un lado y a otro, mientras murmuran. Nils intenta oír lo que dicen sin conseguirlo; los adelanta y estira el cuello hacia atrás en un segundo intento de saber de que hablan, pero hablan en voz muy baja y Nils desiste.
Al final del callejón, se abre el gran patio trasero. Es la primera vez que hacen una conferencia allí. De hecho, es la primera vez que Nils está en el patio de atrás de la fábrica. A un lado los edificios centrales y los callejones laterales; al otro, las vallas que separan la fábrica del exterior, y cierran el cuadrado que es el gran patio dos muros altos. Como techo una densa uralita diferente a la que cubre el resto de la zona gris, la parte de la ciudad donde vive Nils.
A las tres en punto, todos los empleados esperan. Pasean de un lado a otro, se miran y observan el espacio que, al parecer, para todos es desconocido.
Por el callejón de la derecha hacen su aparición dos Religiosas Naturistas, tranquilas y sonrientes se colocan en el centro del patio, mientras los empleados sin dejar de observarlas se van disponiendo en círculos concéntricos, según el estatus que ocupan dentro de la fábrica, alrededor de ellas. A Nils, por muchas veces que lleven a cabo este ritual y sea donde sea, siempre le parece sorprendente la facilidad con la que tantas personas son capaces de ocupar un lugar en orden y silencio, le gusta, es como un baile, piensa él, aunque no conoce muchos bailes.
Nils escucha atento. Han venido a hablarles de la felicidad del nuevo mundo y de la gratitud que deben por ello, de lo lejos que queda la violencia de los tiempos que llevaron a la rebeldía y, en consecuencia, a la destrucción. Nils escucha hasta que esas mismas palabras que oye le llevan a un estado, ya conocido, de plenitud y docilidad. Deja de oír para hacer suya esa felicidad que siempre llevan consigo las Religiosas Naturistas. Cuando regresa de sus pensamientos, la conferencia, que le ha resultado muy breve, acaba. Las últimas palabras de las Religiosas Naturistas son de celebración ante el final de los meses fríos. Mañana las restricciones debidas a la temporada oscura terminan. Una frase de gratitud al Nuevo Orden Con gratuidad lo recibisteis, dad pues paz y gratitud y se despiden inclinando la cabeza, a lo que todos responden Paz y gratitud.
Del mismo callejón que las Religiosas Naturistas aparece el que cree Nils es el jefe de la fábrica, rompiendo los círculos se hace camino entre los empleados y se coloca frente a las Religiosas Naturistas, se despide de ellas con un gesto parecido al de ellas, inclinando la cabeza. Paz y gratitud. Sonrientes y tranquilas, por el espacio abierto que él ha dejado, caminan hasta el callejón derecho y desaparecen.
El hombre que cree Nils que es el director de la fábrica se dirige a todos indicándoles la salida, tan sólo tienen que acercarse a la valla que queda tras ellos, cuando estén todos dispuestos un guarda de control les abrirá la puerta. Un transporte especial les espera ya. Allí les recogerán y tomarán sus datos identificadores para premiarles por su presencia en la celebración. Recibir méritos es importante para poder, si se da el caso, pedir licencias. Si algún día uno no asiste al trabajo por causa de leve justificación o desea acceder a visitar otra parte de la ciudad, estos méritos son tenidos en cuenta. Por eso y, sobre todo, por el bienestar, sonríe Nils mientras piensa en esa palabra, es bueno acudir a las reuniones organizadas por las Religiosas Naturistas.

Recorren el patio y esperan, el guarda de control abre la puerta y pueden acceder con apenas unos pasos al interior del transporte especial. Unos gritos que parecen llegar de detrás de las vallas, le hacen girar la cabeza, pero el guarda de control le indica que suba y no llega a ver quienes gritan. Aturdido por las voces que empiezan a apagarse y por un destello que se filtra por las grietas de un rincón del techo de uralita, Nils sube a la nave de transporte. Es el último en entrar. Se cierra la puerta tras él. Muestra su identificación y puede leer en la pantalla Su presencia en la celebración es un bien para todos. Gracias Nils Vincent Chesterton.

[Leer el capítulo Cinco]


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