
Las bocas se suceden sin que Nils consiga concentrarse. No suele hablar consigo mismo, pero ahora no cesa de repetirse tranquilo, tranquilo Nils y eso aún le pone más nervioso. Por nada del mundo quisiera cometer un error en su trabajo que podría no sólo restarle méritos o ser causa de sanción o de multa, sino, directamente, motivo para que los despachos centrales le prohíban ver el sol. Tranquilo Nils Vincent Chesterton, concéntrate, se repite en voz bajita.
Es la hora del alimento matinal, toma el trozo escrito del bolsillo de su bata y lo traslada al bolsillo de su abrigo con mucho cuidado como si fuera una mariposa con un ala rota, él nunca ha tocado una mariposa ni siquiera la imagen de mariposa que vio en el Gran Invernadero, pero imagina que antes de la Gran Catástrofe los tocadores de mariposas lo harían con mucho cuidado. Se quita la bata y se pone el abrigo, cierra la puerta y espera a que Antón le traiga la comida. Le preguntará su opinión, es bueno tener amigos y preguntar lo que piensan ante hechos extraños como éste, claro que Nils no sabe muy bien cómo se hacen estas cosas, nunca le pasa nada que se salga de lo normal y, que él recuerde, nunca ha tenido amigos. Además, ¿es Antón su amigo?
Antón se acerca y le entrega su bandeja, el sopicaldo para entrar en calor, las vitaminas y las cápsulas de proteínas. Esta vez Antón no se aleja, se queda a su lado. No estás muy hablador hoy, le dice. Y Nils piensa en qué raro momento ha podido él darle la sensación de ser hablador. Bueno, contesta y acaricia con la mano izquierda el trozo escrito que espera en el bolsillo mientras toma el sopicaldo con la mano derecha. Es que hoy... a veces pasan cosas que uno no sabe entender y son difíciles de explicar, ¿no? No, nunca, dice Antón con su sonrisa de mediolado.
Nils ya sabe que cuando Antón dice algo con esa sonrisa, ese algo es mentira o no es verdad del todo. No sabe por qué lo hace ni qué sentido tiene no decir la verdad, tampoco le hace falta saberlo, le basta con reconocer la sonrisa y no creerse las palabras que han sido dichas antes.
Cuando Nils está a punto de sacar su secreto del bolsillo, un golpe de aire hace que una de sus vitaminas ruede y de una voltereta salte el bordillo de la bandeja y caiga al suelo rodando. Antón corre tras ella y detrás de Antón Nils y al fin consiguen atrapar la vitamina huidiza a los pies del vecino del habitáculo contiguo. La recogen, saludan, se dan la vuelta y con paso ligero y sonriendo como niños vuelven a la puerta del habitáculo de Nils. No sabe por qué, pero Nils toma esa interrupción como señal para no contarle a Antón su secreto. No sabe si puede confiar en él ni si podría decirse que es amigo suyo. Y además, ¿qué es un amigo? Nils se da cuenta de que no estaba pensando, de que ha hecho la pregunta en voz alta, cuando oye la respuesta de boca de Antón. No sé qué significa la palabra amigo, sí sé con qué tipo de tipos me gusta estar. Ah, responde Nils. Si quieres conocer a algunos amigos míos, dice Antón con una pausa antes y un extraño acento sobre la palabra “amigos”, te espero hoy a las seis dos calles más a la izquierda de la fábrica, delante del edificio de las Religiosas Naturistas. Pero a las seis se cena. Y con un tono de voz desconocido para Nils Vincent Chesterton, con una entonación parecida a un tarareo, mientras recoge la bandeja Antón responde. Eso sólo si prefieres cenar que venir.
[Leer capítulo Dieciséis : Dos horas y Tres pasos]


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