Nils Vincent Chesterton espera, pero no llega nadie.
Aún sentado, toma con las manos la silla y, dando pequeños pasitos hacia la derecha de la ventanilla, se acerca a la pared para poder apoyar su cabeza en ella. Intenta arañar minutos en los que dormir, aunque a intervalos abre el ojo izquierdo por si asoma alguna boca.
Llaman a la puerta y de un respingo se levanta Nils que se había quedado dormido, sin ojo izquierdo que mire a intervalos ni bocas que asomen ni frío que sentir.
Mueve la boca de un lado a otro desencajando la mandíbula y volviéndola a encajar. Se frota los ojos y luego los abre como si le hubieran dado un susto. No sabe quién puede ser. Los inspectores no llaman, entran. Se coloca bien la bata. Que no se note que se ha dormido. Abre la puerta. Por suerte, es Antón.
Se alegra de ver la bandeja con el alimento matinal, tiene hambre de lobo, piensa Nils que sólo vio un lobo en un documental, pero que le pareció un animal feroz. También se alegra de ver a Antón, claro. Antón le sonríe socarronamente como quien ha pillado a otro haciendo lo mismo que él un ratito antes. Nils no se da mucha cuenta, pero Antón le mira, en realidad, como miraría un maestro a su aprendiz.
Nils come mientras Antón le mira. Éste acerca su nariz todo lo que puede a Nils. Hueles mal, le dice. Ya. Y Antón le explica que, a veces, después de una noche con los chicos, cuando llega al edificio donde vive, deja la ropa tendida en la puerta de la calle y la recoge al día siguiente, antes de ir a trabajar. No puede decirse que huela bien, pero sí mucho mejor. Nils piensa que la próxima vez probará eso, pues es insoportable el olor que desprende.
Hoy parece que tardan en llegar las ideas a su cabeza como si cogieran caminos más largos que de costumbre, pero al oír las estrategias de Antón se le ocurre que pronto le volverá a invitar o, tal vez, ya no necesite invitación y pueda ir cuando quiera, aunque no recuerda bien como llegar. Antón interrumpe como si pudiera oír sus pensamientos. Hoy, nada de Posca, a lavar la ropa y a dormir como un buen chico. Sí, responde Nils. ¿Qué es “Posca”? Mañana te lo contaré. Es mejor no hablar de ciertas cosas aquí.
Por primera vez desde que conoce a Antón, Nils Vincent Chesterton ha entendido lo que quiere decir aunque no emplee todas las palabras, sabe a qué se refiere con “ciertas cosas” y tiene la seguridad, casi el absoluto convencimiento, de que mañana le contará qué es Posca. Nils recuerda el levantamiento de ceja izquierda de Tom, un gesto elegante y firme de persona que sabe mucho de la vida y quiere incorporar ese gesto a su rostro. Así que, ensayando alzar la ceja izquierda a la vez que deja el vaso de sopicaldo sobre la bandeja, dice: lo entiendo.
Y no dicen más.
Generalmente, no se le hace pesado trabajar, le gusta. Esperar de pie como un buen empleado a las bocas que se asoman a la ventanilla; debido a las normas, evitar tocarlas, pero con delicadeza tratar de observar y corregir los dientes estropeados y conseguir mantener los que están en perfecto estado. Anotarlo en la pantalla. Y, de nuevo, esperar una nueva boca en la que leer nuevas caries. Generalmente no, pero hoy le parecen interminables las horas.
Además, ha sido un día sin mucho trabajo. Para ir a la fábrica de dientes no es necesario esperar al día de fiesta ni pedir permisos especiales ni rellenar formularios, por eso siempre hay un goteo de gente que va a ponerse dientes nuevos. Pueden venir desde todos los rincones de la ciudad y pertenecer a cualquier categoría. Y pensando en estas cosas en las que no suele pensar, Nils Vincent Chesterton se pregunta, probablemente por primera vez, porqué es tan difícil ver el sol y tan sencillo recibir dientes nuevos.
Un par de bocas después, sale Nils de trabajar. Arrastrando los pies, camina hacia la parada. Cuando entra en el metrobús, la pantalla le responde silencio. No hay noticias del sol, se dice en voz bajita, y en un alarde de seguridad, piensa, de momento.
[Leer capítulo Veinte : Estamos todos]


2 comentarios:
¡venga, venga!¿para cuándo la nueva salida nocturna de Nils por el mundo escondido? A Nils todavía no le han concedido el permiso para ver el Sol... pero él ya se ha apañado para solucionarse las frías nochecillas... je, je... se nos está espabilando...
¡Sí, Más Posca!
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