Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

lunes, 14 de junio de 2010

Veinticuatro : Feos


Smetana "Mi patria". La música del despertar.

Cuando suena la música del despertar, Nils Vincent Chesterton ya está sentado en el borde de la cama y mira la cara de Eva que parece sonreírle con los ojos adormilados.

Cuando baja en el ascensor cuenta lentamente hasta 8, los pisos que le separan de la planta baja y de la salida. Y cuando sube al autobús, se olvida de mirar la pantalla que, de todas maneras, no le anuncia su encuentro con las oficinas centrales para continuar los trámites de su petición.

Nils no se sienta donde de costumbre junto a la ventana. Nils Vincent Chesterton, simplemente, no se sienta. Como si tuviera demasiada energía para malgastarla sentándose, permanece de pie.
Mientras con el rabillo del ojo no pierde de vista la puerta de entrada al metrobús, por si Eva sube en alguna parada, observa los bloques de edificios iguales al suyo que se distribuyen a uno y otro lado de la calle. Altos. Blanquecinos. Regulares. Y feos, piensa Nils por primera vez. Feos como los dientes podridos que, a veces, le visitan. Feos como los guardianes sin sonrisa que nunca le miran a los ojos. Feos como las cápsulas marrones de vitaminas. Apartando la mirada de la fealdad que tanto le molesta, el toc, toc- toc de unos dedos atrapa su atención. Un joven, delgado y alto como él, que como él, viste abrigo, sentado erguido y con los ojos cerrados repica con sus dedos en las rodillas un ritmo que Nils cree oír viniendo desde la cabeza del joven. Toc, toc-toc. Unas religiosas naturistas, sentadas detrás del joven, miran por la ventanilla manteniendo ambas el mismo ángulo en la inclinación de sus cabezas. En la misma fila que ellas, al otro lado del pasillo, una mujer de piel arrugada y ojos cerrados ha dejado caer hacia atrás su cabeza. Su boca reseca y abierta emite ronquidos desordenados. Feo, piensa otra vez, como las mañanas que llega a la fábrica sin haberla visto.

En punto. Marca la pantalla cuando Nils se identifica en la entrada de la fábrica de dientes. Empleado del mes, piensa. Y aunque la espera, no aparece en su rostro una sonrisa.
Cuando llega a su habitáculo se quita el abrigo, se viste la bata y prepara la ventanilla. Frente al arrimadero coloca la silla, se sienta y aguarda.
Empleado del mes, repite en voz bajita, ¿podrá, se pregunta, un guerrero ser empleado del mes?
Y sabiendo la respuesta se levanta a atender la primera boca del día, Nils Vincent Chesterton.

[Leer capítulo Veinticinco : Marrón]

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡qué corto!