Introducción a la novela

Nils Vincent Chesterton vive en la zona gris de una ciudad que sobrevivió a la Gran Catástrofe. Obediente al sistema social, su vida discurre entre el trabajo en la fábrica, unos pocos recuerdos que araña al olvido y algunos sueños. Una ilusión prestada cambiará su manera de entender la vida.

lunes, 25 de mayo de 2009

Dos


04:00 PM

El sonido ensordecedor de la alarma le hace dar un respingo en la silla. Se quita la bata y la cuelga en el perchero de la entrada. Sale, puntualmente, a las cuatro, después de entregar la llave al recogedor de llaves.
Le gustaría volver a casa dando un paseo tranquilo, tal vez, pasando por el estanque o la sala de lectura, pero a los guardas de control no les gusta ver gente dando vueltas, él tiene los documentos en regla, pero le es incómodo enfrentarse a la ley, no hay que ser imprudente. Además, siente frío y pronto estará oscuro, las luces de emergencia que se utilizan los meses de reducción no son muy intensas. Mejor ir a casa y, dado que en los meses fríos no se cena, apenas un batido calórico y un aporte vitamínico, dormir pronto.

Nils entra en los cenadores. Una sala dispuesta con mesas largas y sillas frías. Cuando él llega suele encontrar a gente comiendo y en pequeños grupos hablando de las cosas de las que se habla al final del día. Del trabajo, de la humedad y el tiempo, del último libro que alguien leyó. Él no conoce a nadie, aunque le gustaría. Se sienta junto a un grupo y escucha las conversaciones, a veces, querría intervenir, pero no sabe de qué hablar, y cuando se le ocurre una frase, ya hablan de otro asunto y siente siempre que se le pasa el momento de decir algo. Durante los meses fríos, sin embargo, eso no le importa. Las mesas permanecen vacías. Cerca de la cocina una larga cola donde hacer turno. Sólo hay que recoger un batido y una pastilla que tomarse de pie. El silencio lo cubre todo, a penas un murmullo al entregar los envases a la salida.

Recorre la calle oscura y llega a su edificio. Introduce su tarjeta de identificación en la puerta de entrada y más tarde en uno de los cinco ascensores del pasillo izquierdo. Supone que vive en uno de los pisos más altos, pues el trayecto dura unos minutos. Pero sólo lo supone, pues el ascensor no tiene números ni el edificio ventanas. Hace unos meses, intentó asomarse al estrecho respiradero que hay sobre su cama y que da al exterior, pero no llegó a ver más allá del edificio contiguo. Y Nils que sigue sin saber en qué piso vive, intenta no pensar más en ello. Cuando el ascensor se abre, camina por el largo pasillo hasta la puerta 27 donde la tarjeta identificadora le abrirá la última puerta del día.
Nils vive en una estancia pequeña a la que él llama su caja de cerillas. Una estancia de techo bajo. Alargando la mano desde su cama llega a todos los rincones o casi. Este mes la luz está racionada y eso significa que para encender la lámpara tiene que esperar a su día de fiesta o al final de la semana. Y, aún así, sólo desde las siete a las nueve de la noche. Son ya finales del mes oscuro y a Nils no le queda ni una vela, ha acabado, incluso con la provisión de cerillas. Acostumbrado a la oscuridad reconoce todo por el tacto. Así que se desnuda y se mete en la cama.
Le gusta, antes de que el sueño acontezca, recrearse en los recuerdos. Busca un momento del pasado y trae a su mente los olores, los colores ya difusos, las palabras dichas. Y se queda allí en lo vivido sintiendo que está en otro lugar y otro tiempo. Cada vez le es más difícil recordar, a veces, aparece una canción en lugar de un recuerdo y piensa si será la edad, que antes no le costaba tanto encontrar recuerdos. Se acurruca en la cama y vuelve a intentarlo.
Recuerda un paseo cogido de una mano, no sabe a quién pertenece esa mano, sólo percibe que es muy cálida. Le gusta esa calidez. Y en ella se duerme.


[Leer el capítulo Tres]

* Foto de AB.

3 comentarios:

Raquel dijo...

Que bé! Un regal fantàstic de bon dia el d'aixecar-se al matí, obrir el correu i veure un nou capítol de Nils! I després de llegir el capítol, miro per la finestra, veig el sol radiant, i m'alegro de no viure en l'enigmàtic món obscur i solitari de Nils Vincent Chesterton.

llanos dijo...

En la tristeza que se respira en el mundo de Nils, te hace pensar en todo lo hermoso que tenemos a nuestro alrededor, tengo ganas de seguir leyendo.....

Paco dijo...

Cuanta info de golpe! Ahora voy a tener q almacenar todo esto en mi cabezota hueca. Sigue sigue! Quiero maaas!

Un abrazote a todos